Gibraltar
¡Oh, tiempo miserable, qué fugaz pasas! ¡Y con qué ligereza se esfuman a tu paso recuerdos entrañables!
Ha pasado más de un mes desde que Gabriel y yo dejamos Gran Bretaña para presentar “Gibraltar” allá donde fue concebido, en el Peñón y en varias ciudades de España; y han transcurrido ya también tres semanas desde que regresamos para nuestro gran final en el Jamboree londinense.
Quisiera recopilar aquí los textos y poemas que Gabriel y yo fuimos escribiendo a lo largo del viaje, a modo de haibun, ese género creado por el poeta japonés Matsuo Basho, combinando prosa y versos.
Sirva este texto también como agradecimiento a todos los que nos recibisteis con tanto cariño en los varios lugares, a todos los que participasteis en los recitales.
Todo se lo lleva el tiempo, ese diablo, pero siempre nos quedan las palabras.
Permítanme pues expresarles la alegría que sentimos y nuestra gratitud de trovadores itinerantes.
Permítanme rescatar algunos momentos del olvido de los días, evocar ahora algunas imágenes que permanecen en nuestra mente, hitos de nuestras quijotescas andanzas a través del tiempo y el espacio, aquella gloriosa gira que ahora se desvanece en la memoria.
Fijemos pues algunas imágenes en palabras, recordemos algunos nombres y pintemos paisajes verbales de lo que ocurría en nuestros corazones y mentes.
Allí estaba la estación de Blackfriars, con su andén que cruzaba el Támesis, un lugar idóneo para partir en esta excursión que pretendía ser un puente entre Gibraltar, Gran Bretaña y España. El sol salía sobre el Tower Bridge, un presagio auspicioso, aunque Hermes seguiría poniéndonos a prueba, como hizo con Odiseo cuando abandonó Troya y buscó el camino de regreso a su hogar en Ítaca.
En el aeropuerto de Gatwick, nos detuvo la niebla en el aeropuerto de Barcelona, donde debíamos hacer transbordo para dirigirnos al sur, a Jerez y Cádiz, nuestro primer destino.
Pero no nos importó. La emoción de nuestra misión nos mantenía en alto, a pesar de tener los pies en la tierra.
Una camarera del aeropuerto de Gatwick, que resultó ser de Cádiz, nuestro destino, como un oráculo de buen augurio, nos aconsejó que todo iría bien si manteníamos la calma y el buen humor.
Fue la primera de muchas personas que nos ofrecieron sus servicios durante el viaje y que se ganaron nuestra simpatía.
Sería imperdonable no mencionarlas, pues fueron personajes tan importantes en nuestro viaje como cualquier otra persona que conocimos: la señora de Vueling en el aeropuerto de Barcelona que nos cambió los billetes de Jerez por billetes de Sevilla, ya que nuestro vuelo retrasado nos hizo perder la conexión a Jerez.
Luego estaba la otra señora que nos ayudó cuando finalmente llegamos a Sevilla, pero nuestras maletas se habían perdido. Estaba estresada después de un largo día lidiando con pasajeros descontentos, pero se mostró más amable con nosotros cuando le dijimos que éramos poetas de viaje. Nos contó que estaba en un taller de escritura creativa con un conocido poeta sevillano.
Le dije que leeríamos en Sevilla en una semana y lo anotó. Aunque al final no vino, fue un encuentro sorprendente conocer a una amante de la poesía en un encuentro tan cotidiano.
Luego estaban los camareros de la freiduría donde comimos las gambas más frescas de Huelva cuando finalmente llegamos, cansados tras un largo día de viaje, perdidos en aeropuertos, esos no-lugares donde uno siente que ha perdido el alma, ese limbo.
Y así sería durante todo el trayecto.
Volver a Cádiz
Volver a Cádiz es siempre volver a luz de sus azoteas blancas, encaramarse a una de sus torres y zambullirse en el océano y la bahía y dejar que el alma se empape de belleza y alegría.
No estaban todavía pero ya se intuían los vencejos cruzando el cielo azul de la primavera.
Cádiz fue María José González Dávila, leyendo encantada su ejemplar de los poemas de Gabriel Moreno, y Cádiz fue también Alicia Ríos, en cuyo magnífico piso, elevado sobre los tejados, nos alojamos durante dos noches; y Cádiz fueron todos los amigos que conocimos a través de Alicia: Juanjo Téllez y Kiki, José Beraluce de El diario de Cádiz y Julián Sáncha, y Ricardo Carpintero y Marga, nuestros anfitriones de los amigos de Quiñones, ya viejos amigos, quienes nos invitaron un año más a presentar en el espacio de la calle Ancha 16, un lugar en el que Goat Star Books se siente como en casa. Cádiz fueron también Charo Sánchez y Luisa Pascual, y todos aquellos que nos ayudaron de una forma u otra aunque no pudieran estar con nosotros la noche en la que presentamos Gibraltar por primera vez.
Las giras de Goat Star Books no son un mero mecanismo de promoción, agotador trámite necesario en el proceso de publicación de un libro. Son un estilo de vida, una forma de estar en el mundo, de crear redes reales más allá de los mundos virtuales, que no virtuosos. En cierto modo, la lectura de poemas aquí y allí es solo la chispa detonante que enciende llamas de amor vivas, la excusa perfecta que permite que se establezcan lazos y sucedan cosas bellas.
Para nosotros, tan importante como el éxito en la lectura gaditana fue pasear juntos por las desiertas calles de Cádiz, buscando un último bar en el que continuar celebrando tras el cierre del maravilloso Café de Levante.
Gracias al gran Fernando Quiñones, cuyo espíritu absolutamente heterodoxo y jovial invocamos al leer los sonetos llanitos de Gabriel.
Y gracias a José Luis Porquicho Prada por hacerse eco de la presentación
Nos fuimos de Cádiz con pesar por dejar a tantos amigos allí, viejos y nuevos. Esperamos volver pronto. Gracias a la biblioteca Nadia Consolani de la Asociación Amigos de Quiñones por acogernos ayer en la tacita de plata y gracias a todos los que vinieron a compartir con nosotros unos momentos de belleza y emoción leyendo una selección del libro de Gabriel Moreno en el espacio cultural de Calle Ancha 16.
Nos fuimos de Cádiz satisfechos, cautivados por la atmósfera despreocupada de la ciudad, el aire bohemio del Café Levante, el brillo de su luz, el vasto océano abierto ante nosotros hacia África y América, un lugar perfecto para presentar nuestro “Gibraltar”, un libro teñido del océano y el cielo.
“Gibraltar” es Cádiz
Gibraltar llega a Gibraltar
La vista del Peñón desde el autobús que nos llevó de Cádiz a La Línea, nos causó una gran impresión: ahí estábamos dos años después, habiendo cumplido la promesa de publicar nuestro libro.
Como español, me siento verdaderamente orgulloso y muy honrado de contribuir al entendimiento entre España y Gibraltar. Gibraltar es un reflejo de mí mismo, un espacio liminal entre mi España natal y mi Gran Bretaña de adopción.
Parafraseando a mi querida amiga llanita Annette Tunbridge, allí solo soy uno más, no necesito dar explicaciones.
Sentí igualmente una gran responsabilidad y emoción por haber hecho algo importante. Mi pequeña contribución a la comprensión de esos dos territorios —tres, en realidad— que aún no se han reconciliado del todo, tras las heridas del pasado.
En Gibraltar jugábamos en casa, por así decirlo, y tal como esperábamos, nuestra presentación allí fue una gran fiesta, una reunión de amigos y un reencuentro con lugares conocidos: El Kasbah, la plaza Casemates, Irish Town, tantos lugares importantes en el imaginario poético de Gabriel.
Recuerdo el balcón con vistas a la bahía de Algeciras de mi habitación en el hotel Eliot. No hay vista más espléndida en el mundo que la del Estrecho de Gibraltar, con África y Europa a cada lado y un enjambre de barcos de todo el mundo esperando para cruzarlo.
Una vista fenicia de comercio e intercambios.
Es una feliz coincidencia que el lanzamiento de nuestra edición bilingüe de Goat Star Books Ltd de los poemas de Gabriel Moreno coincidiera con el histórico acuerdo UE/Gibraltar que acababa de publicarse.
Un acontecimiento trascendental que restablece la libre circulación de personas y mercancías, arrebatada por el mal gestionado Brexit. Gibraltar estaba en la primera plana de todos los periódicos españoles
Esa tarde fui a los jardines de la Alameda para rendir homenaje a Molly Bloom, la hija ficticia más famosa de Gibraltar. Es curioso que, a pesar de todos los “relatos verídicos” de Gibraltar escritos por visitantes a lo largo del tiempo —tan maravillosamente recopilados por Mark Sánchez en un libro—, solo un hombre que nunca había estado allí, James Joyce, supo captar la esencia de ser gibraltareño.
Esto reafirma mi creencia de que, aparte de por medio de la ciencia, y al contrario de lo que decía Platón, solo podemos conocer la verdad a través de la poesía y el arte.
Esa noche a las 19:00 presentamos nuestro libro “Gibraltar” en BOOKgem.
El mundo se ha vuelto inhóspito e incierto, perdido en conflictos inquietantes y devastadores. Mas nosotros disfrutamos de una noche de paz y belleza en BOOKgem. Leímos poemas que buscaban la concordia y la paz, la reconciliación con los males del pasado y la absolución de los pecados de nuestros padres.
Buscamos y hallamos esperanza para el futuro en las sonrisas de quienes vinieron a escuchar la música y la poesía de Gabriel Moreno. Evocamos el espíritu fenicio de esta sólida Roca, gente de comerciantes que lo han visto todo y todo lo han absorbido.
Gibraltar es un león agazapado a las puertas de tres mundos, comerciando con té de Sikkim y naranjas de españolas.Dejamos la política a un lado porque la política hoy en día no es más que mentiras y lo que te puedan sacar.
Pero profundizamos en lo que nos ha hecho ser lo que somos, y construimos puentes metafóricos entre todos los mundos que se extienden más allá de estos Pilares de Hércules y conjuramos también ese amor universal que nos salvará a todos y será todo lo que quede de nosotros cuando todo haya terminado.
Gracias a Giordano Durante, por leer Nochevieja 1995, uno de los sonetos llanitos que escribió Gabriel, y que nos trajo el sabor de la vida en Gibraltar en tiempos de juveniles lujurias y anhelos. Es un poema inspirador sobre cómo de la tierra baldía de nuestros fracasos y decepciones brotan el arte y la poesía.
Estos sonetos llanitos son la piedra angular y la esencia del libro. Nos hablan del orgullo que los gibraltareños sienten por la lengua surgida de su crisol de culturas, un lugar mestizo donde buceadores malteses y judíos berberiscos bailan un fandango al son de harpas de Irlanda y gaitas escocesas.
Gracias a Rebecca Calderón por su hermosa lectura de un poema que sobrevoló el Estrecho y el Peñón, buscando a ese ave que con ser ave soñó que es el espíritu de Gibraltar.
Y gracias a Naomi Duarte , quien leyó “El Copacabana”, otro de los sonetos llanitos incluidos en el libro, un poema sobre las identidades encontradas de las que nace el esquivo espíritu esquivo de Gibraltar.
Gracias a Davina Barbara de los Servicios Culturales de Gibraltar, quien lo organizó todo a la perfección, y al personal de BookGem, que nos sirvió vino y vendió nuestros libros con tanta alegría durante toda la velada.
Y, por supuesto, una enorme gratitud a todos los que vinieron a escuchar a estos dos juglares, Gabriel Moreno y un servidor de ustedes, que lo dieron todo anoche, por amor a esta tierra y a todas las tierras allende los mares de Gibraltar, esos mares que son nuestra auténtica patria.
Aún nos quedaba una segunda noche extraordinaria de música al día siguiente, una celebración en El Kasbah, con la hermosa voz de Morag Butler como invitada especial, venida desde Inglaterra especialmente para la ocasión.
Muchas gracias a ella y a todos los presentes. ¡Qué concierto tan genial, qué público tan maravilloso!
Días maravillosos aquí en Gibraltar. Mientras una nueva guerra mundial parece peligrosamente inminente, en ese antiguo rincón estratégico del mundo, mientras los barcos van y vienen entre la niebla de los estrechos, la gran Morag Butler tomó su guitarra y nos ofreció una versión del himno que Gabriel escribió para una nueva Inglaterra y un nuevo mundo.
Un pequeño gesto, diréis, pero la música y la poesía son armas cargadas de futuro, y los himnos infunden fuerza en la sangre de las naciones para alzarse contra el odio y la guerra.
Que convirtamos a Inglaterra en una isla de solidaridad y paz, lugar de leyes justas y altos estándares de probidad moral que, a pesar de todos sus errores imperiales, alguna vez tuvo en la mente del mundo, si no más.
Inglaterra no como nación, sino como ideal. Ojalá que esta canción sea una nueva marsellesa.
Málaga
Me confundí en la reserva, así que en lugar de ir al centro de la ciudad, el autobús nos llevó de La Línea al aeropuerto de la ciudad y tuvimos que tomar un taxi desde allí. Demasiado equipaje para cargar, dijo John. El autobús fue por la autopista que va paralela a la famosa Costa del Sol, dividiendo los complejos playeros de las urbanizaciones veraniegas que trepan por las montañas costeras. Quizás sean lugares agradables pero, vistos desde la carretera en una mañana neblinosa, todo tenía un aire triste.
“Me aprece que esta noche tocaremos música y leeremos poesía para un público fantasma”, le dije a Gabriel, “parece que ninguna de las personas que conozco en Málaga podrá venir a escucharnos”.
“Es igual”, dijo él, “tocaremos y leeremos para nosotros, y para Hermes, porque así nos lo ha pedido”.
Ya instalados en el piso alquilado, encontramos un restaurante peruano donde comer cebiche y luego los llevé al legendario Café Chinitas, donde tienen una ecsultura de Lorca apoyado en la barra.
Hay que llegar y besar al santo.
o a los santos, pues después fuimos a la casa donde nació Picasso a congraciarnos con él y pedirle protección, como hacen los toreros copn su virgen favorita antes de una corrida.
Nos hicimos también una foto con la escultura del gran genio malagueño que tienen en la Plaza de la Merced, justo delante de la casa natal del pintor.
Ya de ahí nos fuimos a decsnasar un rato y derechos a “Mapas y Compañía”, la librería más bonita dle mundo, donde nos esperaba Juanjo también un poco desanimado.
Pero no nos importó. Íbamos dispuestos al fracaso, casi abrazándolo. Necesitábamos un baño de realidad tras tanto éxito y agasajo en Gibraltar.
“El éxito no nos sienta bien”, dijo Gabriel.
“Como a Electra el luto”, respondí.
Lo nuestro es la bohemia ruinosa.
A nosotros nadie nos ha dado vela en el entierro de la poesía.
Lunes, claro. Mal día para la poesía, nos dijo Juanjo. Ni siquiera su mujer, la muy querida Cuqui, pudo venir por asuntos de hijos y esas cosas.
¿Y si no viene nadie qué hacemos?
“Lo haremos igual”, dije yo.
“No, lo haremos mejor”, dijo Gabriel. “Leeremos y tocaremos solo para John y para Juanjo y los que no han venido que se lo pierdan”.
Y eso hicimos.
Nos vestimos con la ropa de faena: los chalecos, los sombreros, las camisas estampadas, los zapatos ingleses. Gabriel con su guitarra y yo con mi chaqueta de Galliano, y allá que fuimos.
Aún había bulla en la librería, gente comprando guías para Ibiza y libros de aventuras en destinos lejanos.
Mapas y Compañía se especializa en libros de viajes.
entonces vino mi amiga Mercedes Enríquez, y ya con ella, con Juanjo y John y con una pareja de jóvenes alemanes a los que coinvencimos para que se quedaran, ya dábamos la noche por bien empleada.
“Toca una canción y empezamos sin preámbulo ni presentación”, le dije a Gabriel, nos los vamos a llevar de calle, como el flautista de Hamelín.
Y eso es exactamente lo que ocurrió. Se abrió la puerta e, inesperadamente, entraron dos amigos ingleses de Gabriel, Elliot Hall y Sarah Larkham. Vinieron por sorpresa, sin avisar. A Gabriel se le iluminó la cara. Elliot es músico y Sarah cantante, con la voz más preciosa del mundo, esas voces británicas que cautivan y enamoran, y se unió a Gabriel y todo el mundo se quedó donde estaba, escuchando la canción y los sonetos llanitos que leímos después.
Pero hubo más. En la última canción, al filo de las nueve, se abrió la puerta de nuevo y entró una tropa de maravillosas mujeres acompañando a Ángela Calero, hermana de María, a quien yo conocí casualmente cuando visité mi Pozoblanco natal unos meses antes.
Venían de la reunión de un grupo de artistas feministas que tienen y por eso llegaban tan tarde.
Fue como si saliera el sol en un día nublado.
Naturalmente, tuvimos que continuar, y tocar y recitar para ellas, que quedaron encnatadas.
Luego nos fuimos todo el tropel a un bar divinamente bohemio que conoce Ángela en el Soho malagueño y hablamos y nos enamoramos unos de los otros porque eso es lo que hay que hacer en un lunes poético en Málaga.
Y así fue como lo que iba a ser la crónica de un fracaso anunciado, se convirtió en un éxito sin paliativos ni ambages, un éxito rotundo, y el principio de unas bellas amistades selladas entre copas en el bar de César, el Estraperlo.
Poco a poco, los amigos y los clientes se fueron marchando. Era noche de lunes y les aguardaban quehaceres a la mañana siguiente. Habíamos intentado convencer a Gabriel para que les tocara la canción con la letra inédita de Leonard Cohen, que se habían perdido antes, pero él se resistió porque no le parecía correcto molestar a los vecinos.
Fue al final, ya a la hora de cierre, cuando solo quedábamos César, el dueño del bar, Ángela y un hombre muy majo que había en la barra, médico creo que era, cuando César dijo: “al final no ha cantado la canción de Cohen”, y yo, editor tirano que soy, insté a Gabriel a hacerlo sin más: ” ahora mismo sacas la guitarra y te pones a tocarla. No habrá mejor oportunidad que esta para homenajear a San Leonardo”.
“Vale”, dijo él, “pero tú pagas las copas,”
Ya están pagadas. toca.
Y así fue como grabé yo esta escena que cuelgo aquí, sacada de un cuadro de Edward Hopper o de una canción de Tom Waits.
Granada
Es ya un cásico nuestro, venir a Granada una vez al año a presentar el nuevo libro de Goat Star Books, y compartir alojamiento y un par de días con mi amiga Rosa Morán, venida de Lanjarón, donde vive.
Poco a poco vamos reuniendo una pequeña pandilla de adeptos a la belleza y la poesía.
¡Hay siempre tanto que hacer en Granada! Como ir a un concierto precioso de Fauno Loop, por ejemplo, el virtuoso multiinstrumentalista, como fuimos esta vez en el bar Lemon Rock.
Aunque lo que más nos gusta es callejear y sentarnos a tomar una cerveza y picotear, y charlar, poniéndonos al día de nuestras vidas
Esto no es viajar, esto es vivir sin más
Este año nuestro apartamento alquilado estaba en la Plaza de la Trinidad, nuestra favorita, a un paso de la Librería Picasso, donde siempre nos reciben estupendamente, y justo al lado de la Calle Tablas, inmortalizada por el gran Sergio Mayor, quien sin duda es a Granada lo que Joyce a Dublín.
Siempre lo digo y, si no, al tiempo.
Pero, hasta que el mundo descubra a Sergio Mayor, el poeta universal de esta ciudad es Lorca, por supuesto, idolatrado por todo el mundo y, muy especialmente, por Leonard Cohen, uno de los pilares de nuestro mundo “Goat Star Books”.
Así que allá que fuimos a la casa museo del poeta a rendirle homenaje antes de nuestra lectura de “Gibraltar” en la Picasso, dándonos un paseo antes por lo que queda de la vega de Granada, acechada cada vez más de cerca por los suburbios de la ciudad.
Uno no puede sino emocionarse al recorrer las estancias de la casa en la que el gran poeta y dramaturgo escribió sus famosas composiciones, y ver el piano de cola en el que cantó y se divirtió junto a la Argentinita, pero también siente uno una pena muy honda y mucho coraje al recordar el imperdonable asesinato, despiadado y cruel, cometido por los fascistas españoles.
Después de la visita, nos tomamos unas cañas y comimos unas gambas en un bar de barrio y hablamos de cine y de poesía, de guerra y de paz, afectados por la locura bélica a la que nos arrastra el presidente de los Estados Unidos.
Fue un bello momento de comunión con el pasado, el presente y el futuro. Un momento de belleza robado al horror.
Volvimos a casa a descansar y, mientras Gabriel se quedaba ensayando sus canciones para la noche, Rosa y yo fuimos a ver la exposición de Fernando Poyatos, un amigo artista que conoce de Lanjarón, aunque él viva ahora en Sevilla. “La Alhambra proyectada”, que así se llamaba la exposición, consistía en 16 pinturas que, basadas en vistas clásicas de los pintores románticos, investigaba diferentes proyecciones arquitectónicas y distintas escalas cromáticas, presentando un conjunto de enfoques del célebre monumento similar a las “Cien vistas de Edo” de Hiroshige.
Justo al salir del bello palacio de Zafra, se abrieron los cielos y ya no dejó de diluviar en toda la tarde. Llegamos a casa empapados, y empapados llegaríamos a nuestra cita en la Picasso.
¿Y qué deciros de la lectura ese día, a la vez como siempre y como nunca?
Cada ciudad imprime una personalidad distinta en el público: lúdico y vivaracho en Cádiz y Málaga, cálido y acogedor en Gibraltar, donde Gabriel es ya una figura querida e importante, voz en la que proyecta sus identidades ese pueblo llanito que recién empieza a labrarse un destino.
Claro, diréis, allí un libro con ese título no podía sino despertar emociones en los presentes. Lo difícil es conmover a Málaga y Granada, llegar al corazón sevillano, severo y ensimismado.
Y así, Granada. Un miércoles frío, lloviendo a mares toda la tarde. Hasta a nosotros nos daba pereza salir a esa hora y con ese tiempo triste e inclemente.
Había poco ambiente en la librería, mucho libro pero poco cliente. Los estantes nos miraban solemnes y expectantes, mi cabrita de peluche, mascota de la editorial, sonreía a los ausentes sentada sobre una pila de libros.
Miramos las sillas vacías y nos preparamos, como siempre, para el descalabro, los sonidos del silencio:
hello failure our old friend.
Cuesta hacerse con un público en un día tan inhóspito y en una ciudad forastera.
Strangers in a strange town.
La lluvia torrencial solo invitaba al recogimiento.
Más de pronto, como siempre, el milagro: aparecieron los amigos: Rosa Morillas y Eva Barahona , Concha Pérez Rojas y Sergio Mayor. Luz en la oscuridad de nuestros miedos y decepciones.
Ya solo con ellos estaba asegurado el éxito de la velada. Ellos son nuestra gente, como dice Gabriel en uno de sus poemas, la que nos alimenta con similares perplejidades, la que halla horizontes en el erial de un mundo que desdeña la belleza y la poesía
Pero hubo más: un señor de Ronda que había visto el póster en el escaparate de la librería y una joven parisina de poético nombre, Jade, a la que habíamos conocido esa mañana en la visita guiada a la Huerta de San Vicente, y Jimmy Tuplin, hermano de nuestro querido amigo londinense, Jeremy E Tuplin.
Una buena tripulación de políglotas vagabundos, partisanos del aire y misioneros del dharma, buscadores de formas en océanos imprecisos.
Y así tomó forma la noche y dejaron de importar el frío y la lluvia. Nos embarcamos en el muelle y partimos hacia las neblinas del Estrecho, conmovidos por los versos de Gabriel y embelesados con el hechizo de su guitarra y sus canciones.
Cohen y Lorca fusionados, sangre derramada por heridas abiertas de las que brota la voz de los juglares.
Y así fue como esa noche hicimos una vez más la imposible alquimia, y le robamos una vez más su victoria a la derrota.
Y fuimos como siempre a celebrar en grupo la maravillosa lectura de los poemas de “Gibraltar”.
Quiero agradecer a todos los que vinieron a la presentación del libro, especialmente a Concha Pérez Rojas y Rosa Morillas Sanchez por leer poemas suyos y a Sergio Mayor por regalarme un ejemplar de su último libro, y a Eva Barahona, y a Jade, la parisina que es ya una más de la familia Goat Star Books, esa familia de bohemios subversivos e irredentos.


















































