Gibraltar
Gira de presentación de “Gibraltar”, poemario bilingüe inglés/español del gran Gabriel Moreno, hijo pródigo del Peñón, poeta y cantautor.
Música y poesía se unieron en esta gira en la que, además de leer poemas del libro en inglés, español y en llanito, la lengua vernácula de Gibraltar, también presentamos como primicia mundial la canción “Never loved before”, escrita en Montreal en los años noventa por Leonard Cohen al alimón con su entonces amante, Anjani Thomas.
Robert Montgomery, un enamorado de la música de Cohen, pintó un cuadro especial de Cohen y Anjani, y cuando, tras la muerte compró una copia de la letra manuscrita y le encargó la música a Gabriel.
Esta gira de Goat Star Books fue la primera vez que el mundo iba a escuchar esa canción.
Ha pasado más de un mes desde que dejamos Gran Bretaña para presentar «Gibraltar» en el mismo lugar donde se concibió por primera vez y luego por toda España, y tres semanas desde que regresamos para nuestro triunfal gran final en el Jamboree de Londres.
Y mientras el tiempo vuela tan rápido, dejando atrás tantos recuerdos entrañables y tanto amor como el que recibimos, los viejos trovadores con sus canciones llenas de esperanza y amor, quiero escribir unas palabras para agradecer a todos los que vinieron a nuestros diferentes conciertos en distintas ciudades.
Y también quiero plasmar en palabras la alegría que disfrutamos y, de alguna manera, rescatar de la fugaz destrucción de los días algunas imágenes que permanecen en nuestra mente y que serán para siempre hitos en nuestro quijotesco viaje a través del tiempo y el espacio, esa gira que ahora se desvanece en la memoria, guardando algunas imágenes y nombres de lo que sucedió en nuestros corazones y mentes.
Estaba la estación de Blackfriars, con su andén que cruza el Támesis, un lugar idóneo para partir de esta gira que pretendía ser un puente entre Gibraltar, Gran Bretaña y España. El sol salía sobre el Tower Bridge, presagiando un buen augurio, aunque Hermes seguiría poniéndonos a prueba, como hizo con Odiseo cuando abandonó Troya en busca del camino de regreso a su hogar en Ítaca.
En el aeropuerto de Gatwick, la niebla nos retuvo en España, pero no nos importó. La emoción de nuestra misión nos mantenía eufóricos.
Una camarera del aeropuerto de Gatwick, que resultó ser de Cádiz, nuestro destino, nos auguró un buen futuro, aconsejándonos que todo iría bien siempre y cuando mantuviéramos la cabeza fría y el buen humor.
Fue la primera de muchas personas que nos ofrecerían sus servicios durante todo el viaje y que se ganarían nuestra simpatía, tan importantes como cualquier otra persona que conocimos en nuestros días de viaje: la señora del aeropuerto de Barcelona que nos cambió los billetes de Jerez por billetes de Sevilla cuando la fatídica niebla de Barcelona nos hizo perder la conexión; la otra señora que nos ayudó cuando llegamos a Sevilla pero nuestras maletas se habían perdido; los camareros de la freiduría donde comimos las patatas más frescas de Huelva cuando por fin llegamos; los neumáticos después de un día entero de viaje; las largas esperas en los aeropuertos; esos lugares donde uno siente que ha perdido el alma; ese limbo.
Y así sería durante todo el viaje.

