Gibraltar

Perdidos en el espacio

¡Oh, tiempo miserable, qué fugaz pasas! ¡Y con qué ligereza se esfuman a tu paso los recuerdos entrañables!

Quisiera recopilar aquí los textos y poemas que Gabriel y yo escribimos a lo largo del viaje, a modo de haibun, ese género creado por el poeta japonés Matsuo Basho, combinando prosa y versos.

Sirva este texto también como agradecimiento a todos los que nos recibieron con tanto cariño en los varios lugares, a todos los que participaron en los recitales y a los amigos que fuimos haciendo por el camino

Todo lo muda el tiempo, ese diablo, pero siempre nos quedan las palabras.

Permitidme pues expresar aquí la alegría que sentimos Gabriel y yo en nuestra gira presentando “Gibraltar” por los territorios de España y el Peñón, y nuestra gratitud de trovadores itinerantes.

Aquí quedan algunos momentos rescatados del olvido de los días, algunas imágenes que permanecen en nuestra mente, hitos de nuestras quijotescas andanzas en la gloriosa gira que ahora se desvanece en la memoria.

Fijemos pues esas imágenes en palabras. Recordemos algunos nombres y pintemos paisajes verbales de lo que ocurría en nuestras mentes y nuestros corazones.

Todo empezó en la londinense estación de Blackfriars, con su andén que cruza el Támesis, un lugar idóneo para partir en un viaje con vocación de tender un puente entre Gibraltar, Gran Bretaña y España.

El sol salía por detrás del Puente de la Torre, como un presagio auspicioso, aunque Hermes, nuestro travieso protector, pondría pronto a prueba nuestra resolución viajera, como hizo con Odiseo cuando abandonó Troya y buscó el camino de regreso a su hogar en Ítaca.

En el aeropuerto de Gatwick, nos detuvo una inesperada niebla en Barcelona, ​​donde debíamos hacer transbordo para dirigirnos al sur, a Jerez y Cádiz, nuestro primer destino.

Pero no nos importó. La emoción de nuestra misión nos mantuvo el ánimo en alto. Una camarera en el aeropuerto de Gatwick, que resultó ser de Cádiz, nos anunció nuestro destino, como un oráculo de buen augurio. Todo iría bien si manteníamos la calma y el buen humor.

Fue la primera de muchas personas que nos ofrecieron sus servicios durante el viaje y que se ganaron nuestra simpatía.

Sería imperdonable no mencionarlas, pues fueron personajes tan importantes en nuestro viaje como cualquier otra persona que conocimos: la señora de Vueling en el aeropuerto de Barcelona que nos cambió los billetes de Jerez por billetes de Sevilla, ya que el retraso en el vuelo nos hizo perder la conexión a Jerez.

También la otra azafata de tierra, la que nos ayudó cuando finalmente llegamos a Sevilla, pero con nuestras maletas extraviadas por algún limbo aeroportuario. La mujer estaba estresada después de un largo día lidiando con pasajeros descontentos, pero se mostró amable con nosotros cuando le dijimos que éramos poetas viajeros. Nos contó que ella estaba en un taller de escritura creativa con un conocido poeta sevillano. Yo  le dije que leeríamos en Sevilla en una semana y ella lo anotó.

Aunque al final no vino, fue sorprendente conocer a una amante de la poesía en un lugar tan trivial y cotidiano.

En Cádiz nos recibieron con gambas de Huelva y vino de manzanilla los camareros de una famosa freiduría. Aunque cansados ​​tras el largo día perdidos en no-lugares, hicimos los honores y libaciones debidos.

 

Volver a Cádiz

Volver a Cádiz es siempre volver a la luz de sus azoteas blancas, encaramarse a una de sus torres y zambullirse en el océano y la bahía y dejar que el alma se empape de belleza y alegría.

No estaban todavía pero ya se intuían los vencejos cruzando el cielo azul de la primavera.

Cádiz fue María José González Dávila,  leyendo encantada su ejemplar de los poemas de Gabriel Moreno, y  Cádiz fue también Alicia Ríos, en cuyo magnífico piso, elevado sobre los tejados, nos alojamos durante dos noches; y Cádiz fueron todos los amigos que conocimos a través de Alicia: Juanjo Téllez y Kiki, José Beraluce de El diario de Cádiz y Julián Sáncha, y Ricardo Carpintero y Marga, nuestros anfitriones de los amigos de Quiñones, ya viejos amigos, quienes nos invitaron un año más a presentar en el espacio de la calle Ancha 16, un lugar en el que Goat Star Books se siente como en casa. Cádiz fueron también Charo Sánchez y Luisa Pascual, y todos aquellos que nos ayudaron de una forma u otra aunque no pudieran estar con nosotros la noche en la que presentamos Gibraltar por primera vez.

Las giras de Goat Star Books no son un mero mecanismo de promoción, agotador trámite necesario en el proceso de publicación de un libro. Son un estilo de vida, una forma de estar en el mundo, de crear redes reales más allá de los mundos virtuales, que no virtuosos. En cierto modo, la lectura de poemas aquí y allí es solo la chispa detonante que enciende llamas de amor vivas, la excusa perfecta que permite que se establezcan lazos y sucedan cosas bellas.

Para nosotros, tan importante como el éxito en la lectura gaditana fue pasear juntos por las desiertas calles de Cádiz, buscando un último bar en el que continuar celebrando tras el cierre del maravilloso Café de Levante.

Gracias al gran Fernando Quiñones, cuyo espíritu absolutamente heterodoxo y jovial invocamos al leer los sonetos llanitos de Gabriel.

Y gracias a José Luis Porquicho Prada  por hacerse eco de la presentación:

https://www.cadizdirecto.com/cadiz/cadiz-acoge-la-presentacion-de-gibraltar-el-nuevo-poemario-bilingue-de-gabriel-moreno/

Nos fuimos de Cádiz con pesar por dejar a tantos amigos allí, viejos y nuevos. Esperamos volver pronto. Gracias a la biblioteca Nadia Consolani de la Asociación Amigos de Quiñones por acogernos ayer en la tacita de plata y gracias a todos los que vinieron a compartir con nosotros unos momentos de belleza y emoción leyendo una selección del libro de Gabriel Moreno en el espacio cultural de Calle Ancha 16.

Nos fuimos de Cádiz satisfechos, cautivados por la atmósfera despreocupada de la ciudad, el aire bohemio del Café Levante, el brillo de su luz, el vasto océano abierto ante nosotros hacia África y América, un lugar perfecto para presentar nuestro “Gibraltar”, un libro teñido del océano y el cielo.

“Gibraltar” es Cádiz

Aquí está el enlace a la interesante entrevista que nos hizo el gran Juan José Téllez para Radio Andalucía:

https://www.canalsur.es/radio/programas/cuarto-mundo/detalle/12953258.html?video=2251667

Gibraltar llega a Gibraltar

La vista del Peñón desde el autobús que nos llevó de Cádiz a La Línea, nos causó una gran impresión: ahí estábamos dos años después, habiendo cumplido la promesa de publicar nuestro libro. Me sentí orgulloso y muy honrado de contribuir mi granito de arena al entendimiento entre España y Gibraltar, un lugar que es es un reflejo de mí mismo,  espacio liminal entre mi España natal y mi Gran Bretaña de adopción.

Parafraseando a mi querida amiga llanita Annette Tunbridge, allí solo soy uno más, no necesito dar explicaciones.

En Gibraltar jugábamos en casa, por así decirlo, y tal como esperábamos, nuestra dos presentaciones allí fueron una gran fiesta, un reencuentro con lugares conocidos: El Kasbah, la plaza Casemates, Irish Town, espacios importantes en el imaginario poético de Gabriel.

Recuerdo con cariño el balcón con vistas a la bahía de Algeciras de mi habitación en el hotel Eliot, imaginando allí, al otro lado, a mis amigos poetas de esa ciudad, Juana Ríos y Ramón Guerrero, a quienes desafortunademente no iba a poder visitar esta vez.  No hay vista más espléndida en el mundo que la del Estrecho de Gibraltar, con África y Europa a cada lado y un enjambre de barcos de todo el mundo esperando para cruzarlo. Una vista fenicia de comercio e intercambios.

Es una feliz coincidencia que el lanzamiento de la edición bilingüe de los poemas de Gabriel Moreno coincidiera con el histórico acuerdo UE/Gibraltar que acababa de hacerse público.

Se trata de un acontecimiento trascendental que restablece la libre circulación de personas y mercancías, arrebatada por el mal gestionado Brexit.

Gibraltar estaba en la primera plana de todos los periódicos españoles y se nos agudizó el sentimiento de responsabilidad por convertirnos en embajadores no oficiales del territorio y su cultura.

Esa tarde llegó de Inglaterra mi marido, John, y fuimos a pasear por los jardines de la Alameda para rendir homenaje a Molly Bloom, la hija ficticia más famosa de Gibraltar.

Es curioso que, a pesar de todos los “relatos verídicos” de Gibraltar escritos por visitantes a lo largo del tiempo —tan maravillosamente recopilados por Mark Sánchez en un libro—, solo un hombre que nunca había estado allí, James Joyce, supo captar la esencia de ser gibraltareño a finales del siglo diecinueve.

Esto reafirma mi creencia de que, aparte de por medio de la ciencia, y al contrario de lo que decía Platón, solo podemos conocer la verdad a través del arte y la poesía.

Esa noche a las 19:00 presentamos nuestro libro “Gibraltar” en la librería BOOKgem.

El mundo se ha vuelto inhóspito e incierto, perdido en conflictos inquietantes y devastadores. Mas nosotros disfrutamos de una noche de paz y belleza en BOOKgem. Leímos poemas que buscaban la concordia y la paz, la reconciliación con los males del pasado y la absolución de los pecados de nuestros padres.

Buscamos y hallamos esperanza para el futuro en las sonrisas de quienes vinieron a escuchar la música y la poesía de Gabriel Moreno. Evocamos el espíritu fenicio de esta sólida Roca, un león agazapado a las puertas de tres mundos, un rincón habitado por comerciantes que lo han visto todo y todo lo han absorbido.

Dejamos la política a un lado, pero profundizamos en lo que nos ha hecho ser lo que somos, y construimos puentes metafóricos entre todos los mundos que se extienden más allá de estos Pilares de Hércules, conjurando ese amor universal que nos salva de la quema y que será todo lo que un día quede de nosotros.

Gracias a Giordano Durante, por leer Nochevieja 1995, uno de los sonetos llanitos que escribió Gabriel, y que nos trajo el sabor de la vida en Gibraltar en tiempos de juveniles de lujurias y anhelos. Es un poema inspirador sobre cómo de la tierra baldía de nuestros fracasos y decepciones brotan el arte y la poesía.

Estos sonetos llanitos son la piedra angular y la esencia del libro. Nos hablan del orgullo que los gibraltareños sienten por la lengua surgida de su crisol de culturas, un lugar mestizo donde buceadores malteses y judíos berberiscos bailan un fandango al son de harpas de Irlanda y gaitas escocesas.

Gracias a Rebecca Calderón por su hermosa lectura de un poema que sobrevoló el Estrecho y el Peñón, buscando a ese ave que con ser ave soñó que es el espíritu de Gibraltar.

Y gracias a Naomi Duarte , quien leyó “El Copacabana”, otro de los sonetos llanitos incluidos en el libro, un poema sobre las identidades encontradas de las que nace el esquivo espíritu de Gibraltar.

Gracias a Davina Barbara de los Servicios Culturales de Gibraltar, quien lo organizó todo a la perfección, y al personal de BookGem, que nos sirvió vino y vendió nuestros libros con tanta alegría durante toda la velada.

Y, por supuesto, una enorme gratitud a todos los que vinieron a escuchar a estos dos juglares, Gabriel Moreno y un servidor de ustedes, que lo dieron todo anoche, por amor a esta tierra y a todas las tierras allende los mares de Gibraltar, esos mares que son nuestra auténtica patria, como canta el célebre pirata de Espronceda.

Aún nos quedaba una segunda noche extraordinaria de música al día siguiente, una celebración en El Kasbah, con la hermosa voz de Morag Butler como invitada especial, venida desde Inglaterra expresamente para la ocasión.

Muchas gracias a ella y a todos los presentes. ¡Qué gozoso concierto y qué público tan maravilloso!

Días felices en Gibraltar, celebrando la belleza y la verdad en tiempos mendaces. Mientras los barcos cruzaban el Estrecho entre sus legendarias neblinas, la gran Morag Butler tomó su guitarra y nos ofreció una versión del himno que Gabriel escribió para una nueva Inglaterra y un nuevo mundo.

Un pequeño gesto, diréis, pero la música y la poesía son armas que las carga el futuro , y los himnos infunden fuerza en la sangre de las naciones para alzarse contra el odio y la guerra.

Ojalá convirtamos  Inglaterra en esa isla de solidaridad y paz, lugar de leyes justas y altos estándares de probidad moral que, a pesar de todos sus errores imperiales, alguna vez tuvo en la mente del mundo, si no más.

Inglaterra no como nación, sino como ideal. Ojalá que esta canción de Gabriel se convirtiera en una nueva marsellesa.

Málaga

Me confundí en la reserva, así que en lugar de ir al centro de la ciudad, el autobús nos llevó de La Línea al aeropuerto de la ciudad y tuvimos que tomar un taxi desde allí. Demasiado equipaje para cargar, dijo John. El autobús fue por la autopista que va paralela a la famosa Costa del Sol, dividiendo los complejos playeros de las urbanizaciones veraniegas que trepan por las montañas costeras. Quizás sean lugares agradables pero, vistos desde la carretera en una mañana neblinosa, todo tenía un aire triste.

“Me aprece que esta noche tocaremos música y leeremos poesía para un público fantasma”, le dije a Gabriel, “parece que ninguna de las personas que conozco en Málaga podrá venir a escucharnos”.

“Es igual”, dijo él, “tocaremos y leeremos para nosotros, y para Hermes, porque así nos lo ha pedido”.

Ya instalados en el piso alquilado, encontramos un restaurante peruano donde comer cebiche y luego los llevé al legendario Café Chinitas, donde tienen una ecsultura de Lorca apoyado en la barra.

Hay que llegar y besar al santo.

o a los santos, pues después fuimos a la casa donde nació Picasso a congraciarnos con él y pedirle protección, como hacen los toreros copn su virgen favorita antes de una corrida.

Nos hicimos también una foto con la escultura del gran genio malagueño que tienen en la Plaza de la Merced, justo delante de la casa natal del pintor.

Ya de ahí nos fuimos a decsnasar un rato y derechos a “Mapas y Compañía”, la librería más bonita dle mundo, donde nos esperaba Juanjo también un poco desanimado.

Pero no nos importó. Íbamos dispuestos al fracaso, casi abrazándolo. Necesitábamos un baño de realidad tras tanto éxito y agasajo en Gibraltar.

“El éxito no nos sienta bien”, dijo Gabriel.

“Como a Electra el luto”, respondí.

Lo nuestro es la bohemia ruinosa.

A nosotros nadie nos ha dado vela en el entierro de la poesía.

Lunes, claro. Mal día para la poesía, nos dijo Juanjo. Ni siquiera su mujer, la muy querida Cuqui, pudo venir por asuntos de hijos y esas cosas.

¿Y si no viene nadie qué hacemos?

“Lo haremos igual”, dije yo.

“No, lo haremos mejor”, dijo Gabriel. “Leeremos y tocaremos solo para John y para Juanjo y los que no han venido que se lo pierdan”.

Y eso hicimos.

Nos vestimos con la ropa de faena: los chalecos, los sombreros, las camisas estampadas, los zapatos ingleses. Gabriel con su guitarra y yo con mi chaqueta de Galliano, y allá que fuimos.

Aún había bulla en la librería, gente comprando guías para Ibiza y libros de aventuras en destinos lejanos.

Mapas y Compañía se especializa en libros de viajes.

entonces vino mi amiga Mercedes Enríquez, y ya con ella, con Juanjo y John y con una pareja de jóvenes alemanes a los que coinvencimos para que se quedaran, ya dábamos la noche por bien empleada.

“Toca una canción y empezamos sin preámbulo ni presentación”, le dije a Gabriel, nos los vamos a llevar de calle, como el flautista de Hamelín.

Y eso es exactamente lo que ocurrió. Se abrió la puerta e, inesperadamente, entraron dos amigos ingleses de Gabriel, Elliot Hall y Sarah Larkham. Vinieron por sorpresa, sin avisar. A Gabriel se le iluminó la cara. Elliot es músico y Sarah cantante, con la voz más preciosa del mundo, esas voces británicas que cautivan y enamoran, y se unió a Gabriel y todo el mundo se quedó donde estaba, escuchando la canción y los sonetos llanitos que leímos después.

Pero hubo más. En la última canción, al filo de las nueve, se abrió la puerta de nuevo y entró una tropa de maravillosas mujeres acompañando a Ángela Calero, hermana de María, a quien yo conocí casualmente cuando visité mi Pozoblanco natal unos meses antes.

Venían de la reunión de un grupo de artistas feministas que tienen y por eso llegaban tan tarde.

Fue como si saliera el sol en un día nublado.

Naturalmente, tuvimos que continuar, y tocar y recitar para ellas, que quedaron encnatadas.

Luego nos fuimos todo el tropel a un bar divinamente bohemio que conoce Ángela en el Soho malagueño y hablamos y nos enamoramos unos de los otros porque eso es lo que hay que hacer en un lunes poético en Málaga.

Y así fue como lo que iba a ser la crónica de un fracaso anunciado, se convirtió en un éxito sin paliativos ni ambages, un éxito rotundo, y el principio de unas bellas amistades selladas entre copas en el bar de César, el Estraperlo.

Poco a poco, los amigos y los clientes se fueron marchando. Era noche de lunes y les aguardaban quehaceres a la mañana siguiente. Habíamos intentado convencer a Gabriel para que les tocara la canción con la letra inédita de Leonard Cohen, que se habían perdido antes, pero él se resistió porque no le parecía correcto molestar a los vecinos.

Fue al final, ya a la hora de cierre, cuando solo quedábamos César, el dueño del bar, Ángela y un hombre muy majo que había en la barra, médico creo que era, cuando César dijo: “al final no ha cantado la canción de Cohen”, y yo, editor tirano que soy, insté a Gabriel a hacerlo sin más: ” ahora mismo sacas la guitarra y te pones a tocarla. No habrá mejor oportunidad que esta para homenajear a San Leonardo”.

“Vale”, dijo él, “pero tú pagas las copas,”

Ya están pagadas. toca.

Y así fue como grabé yo esta escena que cuelgo aquí, sacada de un cuadro de Edward Hopper o de una canción de Tom Waits.

 

Granada

Es ya un cásico nuestro, venir a Granada una vez al año a presentar el nuevo libro de Goat Star Books, y compartir alojamiento y un par de días con mi amiga Rosa Morán, que viene de Lanjarón.

Poco a poco se va formando en cada ciudad una pequeña pandilla de adeptos a la belleza y la poesía

¡Hay siempre tanto que hacer en Granada! Como ir a un concierto precioso de Fauno Loop, por ejemplo, el virtuoso multiinstrumentalista, que nos arrebató esta vez en el bar Lemon Rock.

Pero lo que más nos gusta es callejear y sentarnos a tomar una cerveza y picotear algo, y charlando y poniéndonos al día de nuestras vidas

“Escribo para que me quieran mis amigos”, dijo una vez Gabriel García Márquez. Yo lo que digo es que publico para poder ir a visitar a mis amigos. No se trata de viajar, esto es vivir sin más.

Este año nuestro apartamento alquilado estaba en la Plaza de la Trinidad, nuestra favorita, a un paso de la Librería Picasso, donde siempre nos reciben estupendamente. Estábamos justo al lado de la Calle Tablas, inmortalizada por el gran Sergio Mayor, quien sin duda es a Granada lo que Joyce a Dublín. Siempre lo digo y, si no, al tiempo.

Pero, hasta que el mundo descubra a Sergio Mayor, el poeta universal de esta ciudad es Lorca, por supuesto, idolatrado por todo el mundo y, muy especialmente, por Leonard Cohen, quien llamó a su hijaa precisamente con el segundo apellido del poeta.  Ambos son dos de los pilares que sostienen nuestro mundo “Goat Star Books”.

Así que allá que fuimos a la casa museo del poeta a rendirle homenaje antes de nuestra lectura de “Gibraltar” en la Picasso, dándonos un paseo antes por lo que queda de la vega de Granada, acechada cada vez más de cerca por los suburbios de la ciudad.

Uno no puede sino emocionarse al recorrer las estancias de la casa en la que el gran poeta y dramaturgo escribió sus famosas composiciones. Emoviona también ver el piano de cola en el que cantó y se divirtió junto a la Argentinita, pero también le embarga a uno una pena muy honda y le da a uno mucho coraje recordar el imperdonable asesinato, despiadado y cruel, cometido por los fascistas españoles en 1936.

Después de la visita, nos tomamos unas cañas y comimos unas gambas en un bar de barrio y hablamos de cine y de poesía, de guerra y de paz, afectados por la locura bélica a la que nos arrastra el presidente de los Estados Unidos. Fue un bello momento de comunión con el pasado, el presente y el futuro. Un momento de belleza robado al horror.

Volvimos a casa a descansar y, mientras Gabriel se quedaba ensayando sus canciones para la noche, Rosa y yo fuimos a ver la exposición de Fernando Poyatos, un amigo artista que conoce de Lanjarón, aunque él viva ahora en Sevilla. “La Alhambra proyectada”, que así se llamaba la exposición, consistía en 16 pinturas basadas en vistas clásicas de los pintores románticos. Fernado investiga diferentes proyecciones arquitectónicas y distintas escalas cromáticas, presentando un conjunto de enfoques del célebre monumento similar a las “Cien vistas de Edo” de Hiroshige.

Justo al salir del bello palacio de Zafra, se abrieron los cielos y ya no dejó de diluviar en toda la tarde. Llegamos a casa empapados, y empapados llegaríamos a nuestra cita en la Picasso.

¿Y qué deciros de la lectura ese día, a la vez como siempre y como nunca?

Cada ciudad imprime una personalidad distinta en el público: lúdico y vivaracho en Cádiz y Málaga, cálido y acogedor en Gibraltar, donde Gabriel es ya una figura importante, una voz en la que Gibraltar proyecta sus identidades.

Claro, diréis, allí un libro con ese título no podía sino despertar emociones en los presentes. Lo difícil es conmover a Málaga y Granada, llegar al corazón sevillano, severo y ensimismado.

Y así, efectivamente. Granada, en un miércoles frío y lloviendo a mares no parecía un lugar propicio. Hasta a nosotros mismos nos daba pereza salir a esa hora y con ese tiempo triste e inclemente.

Como cabía esperar, había poco ambiente en la librería, mucho libro pero poco cliente. Los estantes nos miraban solemnes y expectantes, mi cabrita de peluche, mascota de la editorial, sonreía a los ausentes sentada sobre una pila de libros.

Miramos las sillas vacías y nos preparamos, como siempre, para los sonidos del silencio: hello failure our old friend.

Al forastero le cuesta hacerse con un público en una ciudad extraña, y aún cuesta más reunir a nadie en un día tan inhóspito tan desapacible. La lluvia torrencial que caía solo invitaba al recogimiento.

Más de pronto, como siempre, sucedió el milagro: aparecieron los amigos: Rosa Morillas y Eva Barahona , Concha Pérez Rojas y Sergio Mayor, y se hizo luz en la oscuridad de nuestros miedos y decepciones.

Ya solo con ellos, nuestra gente, estaba asegurado el éxito de la velada. Ellos y ellas son nuestros horizontes en el erial de un  mundo que desdeña la belleza.

También se nos unió un señor de Ronda que había visto el póster en el escaparate de la librería, y Jade, una joven parisina de poético nombre, a la que habíamos conocido esa mañana en la visita guiada a la Huerta de San Vicente. También por sorpresa apareció Jimmy Tuplin, hermano de nuestro querido amigo londinense, Jeremy E Tuplin.

Era una buena tripulación de políglotas vagabundos, de partisanos del aire y misioneros del dharma, buscadores de formas en océanos imprecisos.

Y así tomó forma la noche y dejaron de importar el frío y la lluvia. Nos embarcamos en el muelle y partimos hacia las neblinas del Estrecho, conmovidos por los versos de Gabriel y embelesados con el hechizo de su guitarra y sus canciones.

Cohen y Lorca fusionados, sangre derramada por heridas abiertas de las que brota la voz de los juglares.

Y así fue como esa noche hicimos una vez más la imposible alquimia, y le robamos una vez más su victoria a la derrota.

Y fuimos como siempre a celebrar en grupo la maravillosa lectura de los poemas de “Gibraltar”.

Y este es el soneto llanito que Gabriel escribió al día siguiente, cuando íbamos ya en el autobús que nos llevaba a Pozoblanco, nuestro siguiente destino:

Llanito poet in Andalucía (for my editor Rafael Peñas Cruz)
Travelling through Spain not everyone escribe iguá,
lo poeta en Granada lo hacen con loh nerves,
nah de metáfora rara pa impresioná,
al pan le dicen hunger y al arte le dicen bread.
En Málaga, no sé porque bebí demasiau,
hable con un poeta que me dió un great speech,
era místico y erudito y un poco pesau,
said algo about Christ and boquerones at the beach.
In Cádiz, everyone was a satiric bard.
Como Alexander Pope, Quevedo o Oscar Wilde,
cuando fuí al estanco a por tabaco de liá,
me soltó la tía una sátira sobre el rock de Gibraltá.
¿Y cómo son de verdá lo poeta allí?
Me preguntó.
Hija mía I said, buy el librito y lo entiende de cañón.

 

Quiero agradecer a todos los que vinieron a la presentación del libro, especialmente a Concha Pérez Rojas y Rosa Morillas Sanchez por leer poemas suyos y a Sergio Mayor por regalarme un ejemplar de su último libro, y a Eva Barahona, y a Jade, la parisina que es ya una más de la familia Goat Star Books, esa familia de bohemios subversivos e irredentos.

Pozoblanco

Gracias a Antonio Jesus Moreno, mi paisano, por ofrecernos la inesperada oportunidad de presentar “Gibraltar” en mi terruño natal.

¿Quién lo iba a decir? No puede ser casualidad esto. Sin duda Hermes y el Cosmos se aliaron para hacer que Goat Star Books sea apreciado en este lugar tan especial para mí.

Nada menos que mi lugar de nacimiento y el de todos mis ancestros. Aunque me crié en Barcelona y soy londinense por elección, soy pozoalbense por los cuatro costados, ni una gota de mi sangre viene de un lugar que no esté por estos contornos, excepto un bisabuelo que vino de las cercanas minas de mercurio de Almadén.

Mercurio, Hermes, el más inestable de los metales, el dios más pícaro del Olimpo, protector de todo lo que significa un cambio de estado: los cruces de camino, el comercio, los traductores y los muertos.

El jueves 5 de marzo hicimos un concierto/recital en la Taberna Atípica La Costanilla, con la participación estelar del gran Manolo Marcos acompañándonos al saxo.

Me emocionó profundamente presentar el libro de Gabriel en Pozoblanco. Una simetría perfecta tras haberlo hecho antes en su Gibraltar.

Cada nuevo lugar un nuevo placer, un nuevo encuentro. Es todo tan sorprendente y tan raro.

¿Quién lo hubiera imaginado? Ese ambiente bohemio, esa Taberna Atípica, con su terraza soleada, su deliciosa comida de los Pedroches… y Antonio y Álvaro, anfitriones de lujo, con la gran María José Llergo amiga de todos, paisana mundial…y mi primo Manolo Marcos que nos acompañó al saxo esa noche. Tanto talento en ese rincón supuestamente aislado, y las encinas en las dehesas, alfombradas de pequeñas margaritas…

y dar con todo esto por medio de Gabriel, ya eternamente mi hermano, y no por mí, pues fue él quien nos trajo a Pozoblanco y no yo a él.

No, tanta magia no es cosa normal. Eso fue cosa de Hermes y del Cosmos, un destino escrito en algún lugar allá arriba donde las estrellas se reúnen en luminoso cortejo .

“Está es mi gente, con la que comparto perplejidades”, como dice Gabriel en uno de los poemas que leeímos allí, en la taberna La Costanilla.

En ese Pozoblanco mío.

Fue el concierto/presentación perfecto en el lugar adecuado y en el momento correcto, los versos llanitos más excelsos, las mujeres más bellas y el público más atento.

Ah, ese público exquisito y respetable, una audiencia perfectamente ecléctica: María, Rosa y Antonio, el primo Manolo y su mujer, la belleza perfecta de Miguel, el profesor de física y química de Villanueva, sus amigas de Belalcázar, lnma la terapeuta y Esther, la jefa de estación de Cabeza de Buey, los amigos perfectos. Ojos embelesados, miradas galantes.

La alquimia que se produce en ciertas ocasiones entre el artista y los asistentes, una especie de flechazo que transforma el estaño en plata.

La taberna la Costanilla, atípicamente perfecta, es la taberna de todos nuestros sueños. No en Madrid, ni en París, ni en Londres, ni en Barcelona.

En Pozoblanco, locus natalis.

Y Álvaro, el tabernero estupendo de sonrisa perfecta, el rapsoda brillante, el que es uno y es ciento. Pozoblanco, un lugar de nacimiento perfecto, capital de dehesas de encinas, toros bravos y cerdos ibéricos, buen jamón y excelente aceite.

Acompasadas tonadas para acompañar la palabra precisa de los versos de Gabriel Moreno y sus canciones espléndidas, con el saxo de Manolo Marcos como acompañamiento perfecto.

La noche fue gozo y la vida fue sueño, y Pozoblanco un pozo de bellezas sin fondo y las más extraordinarias sorpresas.

Aquí va el poema que escribió Gabriel en la trasera del coche cuando íbamos camino a Sevilla para nuestra próxima cita en Sevilla:

Pozoblanco

Para Antonio Jesus Moreno

Cuando los nervios entran en juego,

la noche se resquebraja y habitas un espacio

entre la multitud y la mente.

El arte no sabe de novias, solo cabe esposarse

con el escenario y el oficio, solo cabe hundirse

en abismos de angustia, solo cabe elevarse

a las torres de tu propia elegancia.

Allí, en la frontera entre la pérdida

y el potencial, el pozo blanco te encontrará,

lugar de descanso del duende, refugio

de las noticias diarias, corredor profundo

hacia las venas abiertas del cosmos.

 

 

Sevilla

Llegamos por fin a Sevilla, donde nos esperaban buenos amigos: Pisco y Javier en La Carbonería, y también Josefina Aguilar, una de las mejores poetas contemporáneas, gente con la que da gusto compartir un mediodía poético en un patio sevillano.

Tras dejar las maletas y descansar un poco en el piso que habíamos alquilado en la Callle Torneo, salimos en busca de la librería Padilla, donde Josefina Aguilar nos había invitado al recital de su amiga Maru Bernal, quien presentaba allí su último libro, “La belleza de lo trágico”. Se trata de una colección de poemas en prosa inspirados por los grandes clásicos griegos.

Nos los recitó de memoria, como la gran actriz que es. Bellos textos que intercalaba  con comentarios en los que se dirigía a nosotros como un coro de Eurípides o Esquilo. Su voz añadía información y conocimiento, ayudándonos a comprender y profundizar en el sentido y las ramificaciones de lo que estaba diciendo.

Dijo que, cuando hablaba de la guerra de Troya, hablaba de todas las guerras; que, cuando hablaba de Helena de Troya y Andrómaca,  hablaba de todos nosotros; y que, cuando hablaba de Antígona y Andrómaca, hablaba de su hermana y de ella.

Los clásicos siguen vigentes

Al escucharla, yo pensé en Keats y en cómo él también hablaba de su propio presente cuando hablaba de Lamia o Endimión, y del nuestro, cuando parecía que hablaba de Licio y Apolonio.

Ya lo dijo Aristóteles, como nos recordó Maru: no es de lo que ha sucedido de lo que hablan los poetas, sino de lo que va a suceder.

También nos recordó Maru, muy a cuento en estos días de guerra y mentira, que no es que lo trágico sea bello sino que la belleza nos muestra una posibilidad en medio del horror trágico.

Y yo volví a pensar en Keats y en que ya los niños no aprenden los clásicos y quizá eso explique tantas cosas que nos están pasando.

Gracias Maru Bernal por recordarnos una vez más que, como dijo Beckett, no debemos nunca perder a nuestros clásicos.

Después nos fuimos a hacer un pequeño simposio juntos, y entre cañas y tapas sevillanas, brindamos por nuestro encuentro, dos naves poéticas que atracan en un puerto y se encuentran en una taberna y cantan y beben en un océano de oscura indiferencia, en medio de la locura a la que nos aboca el último tirano elegido por un pueblo desnortado.

Al mediodía del día siguiente, sábado, fue nuestro propio recital en La Carbonería, y las palabras me fallan al intentar expresar tanto goce como nos trajo ese nuevo día. Los adjetivos se deshacen en clichés e imprecisiones. No logran describir la satisfacción de las sonrisas del público cuando Gabriel y yo recitamos nuestros sonetos llanitos.

Hermes no nos deja fracasar en paz, y por eso lo amamos.

Lo que sí logramos fue reunir un gran grupo de dedicados amantes de la poesía, gente bella, buena y talentosa: Fernando el pintor granadino, restaurador de obras artísticas de valor incalculable.  Allí estaba Josefina Aguilar Recuenco, una de las voces más bellas y originales en la poesía española contemporánea, mujer que se enfrenta con sus versos a una eternidad menguante, mujer de risa alegre y esperanzada.

También vino a compartir con nosotros Juan Jesus Hernández López, querido amigo, con su no menos querida esposa, Cristina, expresamente desde Las Palmas de Gran Canaria y por solo veinticuatro horas. Hay amigos así.

Juanje leyó para nosotros uno de sus poemas. Poesía de la perplejidad que produce nuestra extraña existencia, y Manolo Marcos recitó también un poema sobre esa misma perplejidad además de acompañarnos con los acordes acompasados de su saxo.

Luego estaban Javier y Pisco, nuestros perfectos anfitriones; y Pilar, rezumando cultura y elegancia; Talía, más ácrata e insurrecta mas no menos culta y hermosa. Plácido, quien nos sorprendió trayendo a su madre inesperadamente, para que disfrutara ella también de la velada.

También se nos unieron María José y Maru Bernal, cuyo recital el día anterior preparó el terreno para el nuestro. Maru iba acompañada de su hijo, un joven sensible e inteligente. Ella nos leyó unos de sus textos poéticos inspirados por la eterna actualidad de los clásicos griegos.

Y allí estuvo Teresa Merino, bellísima, que nos iluminó el espacio con su sonrisa y su emoción cuando leí yo “Vivir” el poema de Antonio Rivero Taravillo, su esposo y uno de los poetas que yo más admiro. Antonio era mi alma gemela en la religión de John Keats. Desgraciadamente no llegué a conocerlo personalmente, pues se lo llevaron antes de hora los siempre celosos dioses.

Vivir, ese breve fulgor de luz y esperanza que no pronto surge de la nada y ya está desapareciendo de nuevo en ella, dejando tras sí  una estela de recuerdos deslavazados que se diluyen de nuevo en la eternidad del vacío.

Fue muy ilusionante la emoción que despertó la carta a Wilfred, el poema que Gabriel escribió para su hijo, y que es a la vez un sentido homenaje a Wilfred Owen, poeta mártir de la primera guerra mundial. Es un poema desesperanzado al que sigue siempre el Lord Byron de Gabriel, un canto a la libertad y la insumisión contra la fealdad y la mentira de estos tiempos peligrosamente absurdos, tiempos de caballos enajenados que pisotean los narcisos y las margaritas, obedeciendo a la trivial y cruel estupidez humana.

Así le robamos esta vez al sábado su mediodía, compartiendo versos y hermosas canciones llenas del espíritu de la bohemia insurrecta y jovial.

Gracias a todos los que contribuísteis con vuestra presencia generosa al éxito de es poético mediodía.

¿Y qué lugar podría ser más adecuado para nuestra celebración posterior que el bar de la Peña Bética, el equipo de fútbol sevillano con cuyo lema, “viva el Betis manque pierda”, nos identificamos perfectamente los poetas. El Betis será ya siempre el equipo de Goat Star Books, un proyecto que vive aunque pierda.

Nos acercamos después a la cercana casa natal de Luís Cernuda para rendir homenaje al gran sevillano universal. y luego, tras despedirnos de Juan Jesús y Cris, que se iban ya para Canarias esa misma tarde, Manolo, Gabriel y yo nos fuimos a descansar un rato para volver luego a ver el flamenco que hay cada día en la propia Carbonería. Allí nos encontramos de nuevo la feliz pandilla: Fernando, Maru y su hijo, así como la madre de Gabriel y su compañero, venidos desde Gibraltar ese día.

Luego, cuando se fue todo el mundo,  los tres seguimos la marcha, buscando el espíritu del sábado noche sevillano. Lo hallamos en buena forma en una Alameda de Hércules rebosante de hedonismo. Allí en un bar, nos encontramos con Mara Salas, inteligente y bella como una actriz neorrealista italiana.

Nos sedujo inmeditatamente con su garbo gaditano, sola y empoderada, con su caña y su cigarrillo en la mano, una musa en espera de sus poetas. Nos invitó a tres whiskies y caímos a sus pies rendidos. La seguimos a un club nocturno donde nos entregamos a los bailes menádicos que se hacen en esos santos lugares, y nos declaramos vasallos de Mara Salas para el resto de nuestros días.

La dejamos allá con sus amigos y nos fuimos a descansar por fin ya bien entrada la madrugada, y este es el poema que escribió Gabriel a la mañana siguiente:

Sevilla

Nadie te culpa por tu descaro.

Si habitara tus plazas,

si fueran míos tus balcones imperiales,

si mi cuerpo estuviera rodeado por la piedra dorada

[de tus murallas moriscas,

Sería fácil la adulación,

permanecería impasible ante la lluvia ácida de la crítica.

No, no me importarían las torpes líneas que adormecidas

[acechan a los tigres de mi belleza.

Tus guantes son ligeros y elegantes,

y los motores de tu historia rugen

ante futuros psicopáticos:

antes una medida de hierba,

ahora el recuerdo de un imperio

que se regodeó con el oro de América

y fue desgarrado por la inmensidad de sus intenciones.

España no te merece, oí decir a tu madre,

pero, querida, ninguno de nosotros merece

los contornos que nos definen.

Ninguno de nosotros debería vivir

a la sombra de notarios

y sacerdotes.

Ninguno de nosotras ha pedido una legión de espectadores

para presenciar el esplendor de nuestras extremidades.

¡Ah! Pero ¿qué sé yo de tiranías de la belleza?

¿Cómo puedo condenar a una clase que solo he presenciado desde las ventanas de un austero piso en el microcosmos

[de Gibraltar?

Eres Sevilla, la hija adorada del príncipe almohade

[y la reina castellana.

Yo no soy más que la descendencia de contrabandistas

[y de la pereza de los marineros,

¿te inclinarás para recibir mi beso?

¿Te burlarás de la vacilación de mis palabras?

Te veo como mi sombrero de paja,

¿te lo pondrás por un momento?

Los segundos que necesito

para convencer a mis ojos

de que una vez fuiste mía.

 

Desayunamos bajo una fina lluvia en el bar La Farándula, un nombre muy apropiado, y nos despedimos con pena de Sevilla, por lo mucho que la habíamos disfrutado, y porque nos separábamos de Manolo tras tres días juntos de música y amistad sincera.

Pero la gira tiene su propia lógica, y nos esperaba Badajoz.

Os dejo aquí el enlace al artículo que Alejandro Luque escribió para el diario InfoGibrlatar:

 

https://infogibraltar.com/avisos/el-poeta-y-musico-gabriel-moreno-presenta-en-madrid-su-libro-de-poemas-gibraltar-a022/?fbclid=IwdGRjcAQeg_9jbGNrBB6D3WV4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkDDM1MDY4NTUzMTcyOAABHhul90Ja9HWy1RqCUt8a2I6NLqGFpdRF-p9xJ2o9N-zSHAwlkfvMPP2oNOcU_aem_yon0sGhnnFAFnZf6bEjNpw

 

 

Badajoz

El tren salió de Sevilla con retraso y sin saber exactamente cuándo llegaríamos a Mérida, donde casi seguro perderíamos la conexión con el tren a Badajoz ciudad. Problemas en las vías, dijo el interventor. No nos importó porque nuestra amiga Begoña dijo que nos vendría a recoger a Mérida, si se daba el caso. Así que nos relajamos y nos dejamos llevar por la inercia del viaje y la belleza del paisaje.

Al final, el tren de Mérida nos aguardó y llegamos a Badajoz con tiempo de tomar posesión del apartamento que habíamos alquilado en un rincón olvidado del centro de la ciudad: con fachadas desconchadas y el encanto melancólico de las ruinas.

En cierta manera, en Badajoz también jugábamos en casa, pues ahí tenemos excelentes amigos: Begoña, Marisol Torres, quien nos hizo de madrina, Julian Monge, elegante y parisino. Él es el dueño de El Silencio, un bar de esos que ellos solos dinamizan toda una ciudad, polo de atracción para noctámbulos vagabundos y románticos, entre los que por supuesto nos contamos, predicadores como somos de evangelios de aves y torrentes.

Mucha gente en El Silencio en la hora más muerta de la semana, el funesto domingo noche en esta ciudad extraña que es Badajoz:  provinciana y cosmopolita al mismo tiempo,  fronteriza, española y portuguesa.

Badajoz es un Gibraltar interior en un mar de campos de nubes y un río Guadiana caudaloso como un océano tras las lluvias torenciales de un invierno que agonizaba en un estertor de borrascas.

La noche fue una borrachera de noctámbulos en busca de un poco de luz en las horas oscuras, cuando la noche del domingo se desliza peligrosamente hacia la mañana del lunes.

Fue una velada de música y poesía extraña, con un público variopinto.

Ahí estaban, incongruentes, un par de turistas ingleses perdidos en la noche. Eran el tipo de gente que no se atreve a entender la poesía. No es que no la entiendan, sino que temen entenderla.

Demasiado profundo, dijeron, y yo recordé aquella mujer en un restaurante en Londres en el que, con mi socio Kevin Harrison decidíamos qué poemas de Charlotte Mew incluir en nuestra “poetry séance”. Le incomodó a la señora, sentada en la mesa de al lado, escucharnos leer poemas. No podía evitar distraerse de ese lenguaje “pedante”, como ella lo llamó.

La humanidad no soporta demasiada verdad. La llaman pedante y llaman verdad a esa realidad prosaica de enfermedades y números que se acaba con la muerte. No es de extrañar que tantos mueran desencantados.

Hubo una criba en la media parte. Se fueron los que solo habían ido a ahuyentar su miedo al lunes con una última copa y se quedaron los de siempre, los que no saben o no quieren saber de quehaceres de entre semana.

Gustamos, nos adoraron, bailamos, recitamos y, al terminar, comimos una cena deliciosa organizada por Julián y Johnny Melchor, exquisito cocinero, y charlamos de todo y de nada, con Rafa, el músico desengañado del poder de la música para cambiar el mundo.

Y yo me enamoré una vez más de Margo Margot González y de Mai Saki, barcelonesa anclada en este puerto pacense, ácrata e iconoclasta sin concesiones, con la belleza salvaje de una pantera. Bella como una revolución.

Ella nos hizo unas fotos en blanco y negro que capturan precisamente el alma itinerante de nuestro poético empeño de juglares.

Cada cita es diferente en esta gira nuestra. En cada ciudad nos encontramos con un Gibraltar nuevo, porque nuestro Gibraltar no es un territorio sino una idea, un cierto estado mental.

Gabriel y yo pasamos la mañana del lunes escribiendo y paseando por las calles de la ciudad camino al restaurante donde quedamos para comer con Marisol y Begoña. Badajoz no es una postal pintoresca y cursi. A Badajoz no le importa mucho lo que pienses de ella. No es una prostituta que mendigue migajas de amor; debes aceptarla como es, con el corazón roto por un viejo amor, desmoronándose como la vieja Habana, sucia y áspera. Badajoz no ha vendido todavía su alma al diablo, y esperemos que no lo haga nunca. Si alguna vez me pierdo, me encontrareis vagando por las calles vacías de esta vieja ciudad, hablándole a sus fantasmas silenciosos.

Esa tarde, Gabriel escribió este poema que dedicó a Mai Saki y Margo Margot González:

Badajoz

El Guadiana divide la ciudad;

se puede saber dónde estás por lo que fuma la gente.

En España o Portugal, los poetas con nervio fuman Winston y Camel,

los pijos se andan con cuidado en asuntos pulmonares.

Mi amiga Mai fuma cualquier cosa fuerte y vive en el casco viejo,

donde las casas están a medio construir,

y los suelos están llenos de agujeros.

Dijo: «Si tienes que cantar, hazlo con todas tus fuerzas,

con toda la fuerza de la cruz que llevas,

con toda la ferocidad del alcohol que bebes,

con todos los dedos de la muerte que te espera,

si no, mejor te largas con tu música al Algarve».

Dice que hay demasiadas naranjas sin jugo en las ramas de España.

Yo asiento con ebrio entusiasmo, contento de estar de su lado del río.

May es una pantera, un cóctel Molotov,

ve con las entrañas y habla desde los huesos.

Su esposa es un ángel que protege su aura;

construyó un templo para contrarrestar el caos

de nuestros deseos inducidos por las drogas.

Todos nos escondemos bajo la carpa sagrada

para abandonarnos a poemas y canciones.

Al otro lado del río están los buzones y los centros comerciales.

El lugar donde hallar notarios y fontaneros 

que te resuelvan los problemas cotidianos,

pero no estamos aquí para eso, sino para abordar las cuestiones de las cuevas.

Queremos saber por qué se está arrojando a la humanidad

 a las alcantarillas de las cabras muertas.

Vinimos aquí para preguntarle al cosmos, o a Mai,

por qué las musas son cobardes y tacañas.

¡Queremos saber si podemos protestar

 por el estado ruinoso de la carne de nuestro siglo!

Mai dice que, si le dieran solo veinte días de vida,

se haría con un AK-47 y saldría a eliminar

 a todos los ladrones despiadados de belleza y esperanza.

Pero yo me pregunto quién tendría que caer

Y en qué lado del río estamos.

¿Y dónde yace el espíritu de Badajoz?

¿Y qué clase de poeta soy yo, que solo fumo cigarrillos de luz? 

y esa tarde, en Dulce Locura, hicimos nuestra segunda lectura en Badajoz, y se cambiaron los nombres, la lectura en El Silencio fue una dulce locura y la de Dulce Locura fue una noche de dulce silencio.

El silencio necesario para dejarse llevar por la poesía de la música y abandonarse a la música de la poesía.

Fue divertido el domingo noche, pero el lunes es decididamente el día de la poesía, el día que salen de copas los trabajadores de hostelería.

El lunes se esfuman los codiciosos afanes del fin de semana, esa ansia de diversión desesperada.

Así es ya sea en Londres o en Badajoz, en el infierno como en el cielo. Todo domingo es un trabajo de amor perdido y todo lunes es un “Poetry Monday”. Los poetas aman los lunes porque son  días de lírica y bonhomía, días de cigarras que cantan en calles desiertas de hormigas.

Fue por ser lunes por lo que fue un éxito de emociones nuestro segundo acto poético-musical en Badajoz, en la excelente tienda de libros y ropa que regenta Margo Margot González con dedicación grecolatina.

Ella es una moira que con su máquina de coser arregla dobladillos, personaliza prendas y urde destinos.

Ropa y libros, mezcla perfecta para los poetas que piensan que vestir bien es una forma de respeto al orden del universo.

¿Alguien vio alguna vez una flor desgarbada, una constelación desaliñada o una galaxia andrajosa?

Libros y ropa son ingredientes divinos: todo sacerdote tiene su ropa sagrada, sus mitras y sus sombreros de copa. En Dulce Locura, la vestimenta no es moda frívola sino una filosofía.

Vestir bien para obrar bien, la vestimenta como música y poesía. El sastre y la modista como artistas.

Así, entre telas, vestidos y cintas métricas mezcladas con novelas, ensayos y colecciones de poemas, leímos ante un público nutrido y apreciativo nuestros versos llanitos y nuestros poemas urgentes y sinceros. Cantamos de nuevo esas canciones en las que Gabriel Moreno desgrana deseos y desangra miedos y frustraciones en un mundo oscuro y embustero.

E invitamos a Faustino Lobato Delgado , gran poeta de los arcones olvidados, las casas desahuciadas y las siempre confusas encrucijadas.

Yo leí por fin en su totalidad el poema que Gabriel dedicó al gran Pablo Yupton, el conductor de autos sin rumbo por los lunes del universo: “Pablo”, un tour de force que, como la ropa en la tienda de Margot, es una declaración de principios, una exquisita locura.

Le robamos esta vez al lunes su tedio y todo fue luz en la oscuridad de la noche.

Gracias a Margot y a Mai por ofrecernos un año más su santuario de belleza en el mundo  oscurecido.

Gracias a Faustino Lobato Delgado por compartir estás imágenes de nuestro lunes poético en Badajoz y leer ayer uno de sus poemas.

Como siempre digo, las giras de Goat Star Books Ltd están pensadas para establecer redes y conexiones con personas afines, y “Gibraltar” nos está dando grandes satisfacciones en ese terreno.

¡Qué hermoso es hacer nuevos amigos, compartir nuestro trabajo con nuevos poetas!

El día siguiente amaneció radiante y Begoña nos llevó a comer a Elvas, la ciudad portuguesa al otro lado de la frontera. Antes Gabriel y yo visitamos el museo arqueológico de la ciudad, donde se exhiben vestigios fascinantes de los tiempos tartésicos, romanos y árabes, un lugar imprescindible para comprender esa ciudad fronteriza y compleja,  una de mis ciudades favoritas de España y donde, a proporción, se venden más libros que en Madrid, al menos esa es la experiencia de Goat Star Books Ltd.

Qué placer pues levantarse un día soleado de primavera y verse convertido en protagonista de la columna que escribe Marisol Torres para La Crónica de Badajoz.  Como ella dice, Badajoz y Gibraltar tienen mucho en común. Ese carácter de punto de encuentro entre culturas las hace más abiertas, más cultas y más interesantes.

En los bares de Badajoz se tienen conversaciones a las dos de la mañana que no se tienen en otras partes.

Gracias a Marisol por sus palabras en esa columna suya, que merece el premio más alto que haya en el periodismo hispano.

Hay vida más allá de Madrid y Barcelona, mucha vida, a menudo más interesante que en esas grandes capitales, tan caras y tan desganadas, tan como de vuelta de todo.

¡Viva Badajoz, árabe y romana, portuguesa y española, liminal y llanita!

Madrid

Y así, llegamos a Madrid, la gran ciudad, donde teníamos dos eventos poético-musicales, el primero en la librería inglesa Secrets Kingdoms, regentada con amor y esmero por David y Beatriz en la calle de Moratín, corazón del llamado Barrios de las Letras.

En la Plaza de Antón Martín, la gente en los semáforos hablaba por el móvil sobre sus ajetreadas vidas laborales, fragmentos de conversaciones sobre abogados y representantes, la actriz que le hablaba a su amigo sobre la serie que está rodando y en la que brilla en el cuarto episodio.

Fuimos a visitar las casas donde vivieron respectivamente Cervantes y Lope de Vega. Asediadas ambas por grupos de turistas, me lamenté por la vaciedad de unos visitantes que probablemente no hayan leído jamás el Quijote ni conozcan ninguna obra de Lope de Vega y navegan simplemente por los recorridos que les marcan en las guías.

¡Oh tonto y prejuicioso de mí! En el recoleto jardín trasero de la casa del gran dramaturgo del Siglo de Oro, nos encontramos fortuitamente con la bella Hinde, tangerina residente en la Provenza, mujer culta y bien leída. Le leímos uno de nuestros sonetos llanitos y coincidimos con ella en que el norte de Marruecos, Gibraltar, Cádiz y Algeciras conforman un área cultural propia, más allá de religiones y monarquías.  Desgraciadamente, Hinde tenía un vuelo de regreso a Francia esa tarde y no pudo asistir a la presentación de esa tarde.

No había colas en el Prado cuando fuimos a rendir homenaje a los grecos y los goyas, abrumándonos una vez más el genio de los viejos maestros: ¿Y si nosotros nunca alcanzamos el fulgor de esa eternidad?

Los jardines del Retiro también estaban deliciosamente vacíos cuando caminamos por sus románticos senderos en busca de la estatua del ángel caído. Madrid es la única ciudad del mundo que le ha hecho un monumento al Diablo. Ha sido un año extraño en cuanto al clima y aún no era primavera en Madrid. Las ramas desnudas estaban esperando un poco de sol y solo había aquí y allá un tímido destello de hojas frescas.

Madrid también esperaba los vencejos.

Llegó la noche y fuimos a nuestra cita poética en Secret Kingdoms a presentar nuestro ya bien ensayado recital, confiados en que la magia nos volvería a funcionar.

No había tanto público como esperábamos, pero la calidad de los asistentes compensaba ampliamente: nuestras amigas Alicia y Myriam, también una chica filipina, culta y amante de la poesía, y una joven rubia misteriosa en la tercera fila, más el grupo de poetas llanitos amigos de Gabriel, y mi propio pequeño grupo de amigos y poetas madrileños: Alfonso Brezmes  y Raúl Nieto de la Torre, a quienes invitamos a leer algo como nos gusta hacer en cada ciudad donde actuamos.

Sus poemas eran de una belleza conmovedora, palabras sobre calles que uno nunca ha visitado y cosas que uno nunca ha hecho pero que nos hacen ser lo que somos, y poemas sobre metecos obligados a abandonar sus lugares de origen por guerras y dictaduras.

Todo fue tan hermoso como la misma noche madrileña de tabernas animadas y noctámbulos rondando a la luz melancólica de las farolas.

Pero no es por eso por lo que nuestra novena cita con “Gibraltar” brillará siempre para mí entre todas nuestras poéticas sesiones. Fue la forma en que Gabriel y yo nos compenetramos esa tarde al leer.

Nos miramos a los ojos y entendimos y vi una llama en su mirada. No necesitabamos más, nosotros mismos nos bastábamos. Leímos los poemas como en un trance, poseídos por el duende lorquiano. Solo importaban las palabras, su ritmo y su fluidez endemoniada.

Quizás fue la influencia de los grandes maestros lo que nos impulsó a lanzarnos con tanta pasión a la lectura, como si quisiéramos demostrar que nosotros estamos también a la altura de tan altos vuelos; quizás fue el mismísimo diablo allá en su pedestal en el Retiro, o siemplemente una urgencia impulsada por la conciencia de que esa era una de nuestras últimas actuaciones en España y necesitábamos dar rienda suelta a la energía acumulada juntos durante esas semanas de gira.

No sé si tal vez sobreactuamos un poco para el gusto de la gente, pues los recitales de poesía suelen ser algo sobrio y solemne. No importa. Yo sentí que canalizaba una energía ancestral a través de los poemas de Gabriel, algo importante sobre su vida en el Peñón de Gibraltar, algo importante sobre el amor y la insurrección.

Nos abrazamos al final y yo sentí bombeándole en las venas, esa sangre Mediterránea ancestral de la que brotan sus versos. La sangre de un poeta.

Yo sé que esta gira va a ser legendaria, y que muchos de los que no pudieron venir en las diferentes ciudades por las que fuimos pasando van a pensar que estuvieron  porque les sabrá mal haberse perdido algo así: la legendaria primera gira española de Gabriel Moreno para Goat Star Books.

Yo he leído mucho a los Beat americanos y nuestro viaje juntos, tal como ya me imaginé, ha sido un maravilloso ejemplo de “road movie”, una mezcla de Kerouac y Lorca, algo nuevo y diferente, la poesía como aquello que Américo Castro llamó “vividura”, característica inherente a la literatura española, inseparable el vivir y el cantar.

Cada día, Gabriel escribía un poema y yo un texto sobre el día anterior, los dos perfectamente compenetrados, dos almas en las vías férreas y en las carreteras, recogiendo vientos y sembrando tempestades de poesía.

Aquí está el poema que Gabriel escribió sobre el evento en la librería Secret Kingdoms de Madrid:

Madrid

 Para Jonathan Teuma, Mark Montegriffo y Rafael Peñas Cruz.

 

Madrid nació con la lengua en la noche,

antes de la primera iglesia, Felipe II construyó el primer bar.

Son las tres de la mañana, en los idus de marzo, y alguien

me va a apuñalar

en el vientre del control.

Nos lo dijeron en los jardines del fénix del ingenio.

Oímos la voz de los maestros de la capital:

«para entender Madrid hay que sumergirse en la embriaguez.

No hay mayor gloria que disolverse en la boca de un gato blanco.

De Madrid a las promesas de las uvas».

Y esta mañana Velázquez nos convirtió en monarcas y  El Greco en santos.

Sé que llegarán los litigios y que mañana, de alguna manera, nos encontraremos acorralados por la policía nacional.

Pero esta noche somos huéspedes de la Farándula,

Almodóvar y Quevedo pinchan vinilos en Lavapiés.

En el parque imperial del Retiro, los mirlos silban melodías de

resistencia clandestina.

Decidme, hermanos y hermanas de la roca monolítica:

¿cuál es nuestro papel en esta cacofonía de locura?

Tres gibraltareños desubicados por la economía y la historia,

habitando la capital con nuestro verso indeseado,

secuestrados por imperios pasados, motas de polvo, pero polvo enamorado y deseoso de conquistar el vacío.

Debemos estampar nuestra garganta en las aceras de Lucero,

debemos usar el abandono para instigar nuestro duende,

sabemos que las naciones no son ni lo que son ni lo que se dice,

no hay Gibraltar, no hay Madrid sin la noche ni una canción.

 

¡Argh Madrid! De nuevo en tu pantomima de plenitud decadente,

de nuevo en este éxtasis peligroso que me cuesta los bolsillos,

arrojo mis monedas al pozo de peces envenenados,

beso el espacio entre el circo y la iglesia,

mi identidad está muerta y resucitaré, ni borracho ni sobrio,

ni poeta ni cantante,

ni británico ni ibérico,

hambriento, voraz, desmembrado,

con aire y espacio de sobra,

para llenarme de páginas y anhelos,

para llenarme de tu llama temblorosa:

Farándula -en el lenguaje del entretenimiento, la escena, la atmósfera y quienes trabajan en las artes escénicas. 

 

Esta gira poético musical ha sido una persecución constante del esquivo espíritu de Gibraltar. Lo buscamos por las torres de vigía y en la Caleta gaditana, pero se nos escapó por los tejados blancos.

Lo perseguimos por San Roque, donde se jactan de haberlo apresado, y en las rotondas de La Línea de la Concepción. También en la frontera, en Punta Europa y en la pista de aterrizaje del Peñón.

Creímos vislumbrarlo en el cementerio inglés de Málaga, entre las tumbas de Gerald Brenan y Jorge Guillén, y entreverlo una tarde torrencial encarnado en la mujer que cruzó apresurada la granadina Plaza de Santa Cruz.

Pero nos dio esquinazo al doblar en la calle Tablas.

Luego nos pareció que se elevaba sobre los encinares de los Pedroches, cuando íbamos rumbo a Pozoblanco. Por momentos, escuchamos su voz en Sevilla y Badajoz

Pero eran solo indicios y palos de ciego, meras intuiciones y presentimientos.

No pronto pensamos haberlo capturado cuando ya se nos había esfumado de nuevo, dejando tras él vagos aromas a salitre y neblina.

En realidad nos esperaba en Madrid, en la Calle Moratín, y nos ufanamos de haberlo atrapado por fin, y nos confiamos, y entonces fue cuando nos dio esquinazo otra vez, dejando pistas tras él.

Nos llevaron a una terraza en el barrio de La Latina, en una calle anónima e inopinada. Allí, bajo las estrellas de una noche clara, Mark Elliot, Jonathan Teuma y Gabriel Moreno lo conjuraron con sus guitarras y sus canciones.

Pero justo entonces se presentó la guardia civil española con sus arcabuces y sus almas de charol, y la intención de apresarlo.

Lo vimos convertirse en estrella fugaz y huir raudo por los tejados del sur de Madrid.

Y lo fuimos persiguiendo hasta Barcelona, donde nos citó a las seis y media de la tarde en una librería de la calle Pau Claris.

Así que para allá fuimos tomando el AVE, convencidos de que acudiría a la cita y de que esta vez no se nos iba a escapar.

Barcelona

El tren toma velocidad en los suburbios de Madrid, avanzando rápidamente hacia Aragón. Dejamos atrás los cielos inmensos de Castilla, pasamos la Bílbilis romana encaramada en su colina, la tierra de origen del viejo Marcial.

Allá donde vamos, siempre hay un poeta, siempre hay poesía: Trans Europe Express.

Disfrutamos del paisaje fugaz y la felicidad es una taza de té Earl Grey en el vagón bar del tren que nos lleva de Madrid a Barcelona.

El tren cruza páramos, colinas y desiertos, veo el Moncayo a lo lejos, montaña sagrada de los Celtíberos.

Esta es una tierra antigua y yop pienso que estoy harto de la mitología estadounidense. Pienso en Kraftwerk y en la música europea, la chanson francesa, los sirtakis griegos y la música melódica italiana. Necesitamos nuevos mitos europeos. Ya basta de salva patrias, y no más guerreros enmascarados. Siempre acaban tramando algo malo. No más llaneros solitarios tampoco y no más Séptimo de Caballería, por favor. No necesitamos que nos salve nadie.

Lo único que quiero es una buena taza de té Earl Grey en el vagón bar del tren que me lleva de Madrid a Barcelona a toda velocidad: Trans Europe Express

Llegamos a Barcelona antes de darnos cuenta y nos separamos en la estación de Sants. Yo a casa de mi hermana y Gabriel a la de Pablo, el gran Pablo Yupton, destinatario del gran poema que leímos en Madrid y leeremos al día siguiente en Barcelona

Es un poema que Gabriel le dedicó a él y a todos los Pablos que han guiado al mundo con su genio y su poesía. Probablemente es el poema más importante de nuestro “Gibraltar”, un auténtico manifiesto literario, el testamento de Gabriel Orfeo.

Quedamos luego, esa misma tarde de nuestra llegada,  en un bar de la Plaza Universidad, con amigos de Gabriel de sus tiempos en la ciudad.

Tuve la certeza de que tampoco en Barcelona nos iban a dejar triunfar.

A la mañana siguiente grabamos Pablo, Gabriel y yo el nuevo episodio de la sección “Filología Inglesa” de Radio Nadie al Volante, el podcast dedicado a las artes que dirige Pablo y en el que todos colaboramos. Un placer. El programa está dedicado a la generación perdida, los escritores norteamericanos atrapados entre las dos guerras mundiales, y que transformaron en arte su exilio y su desilusión.

Los Estados Unidos, tan omnipresentes e inevitables, tan absolutamente enloquecidos, caballos desbocados por el mundo. Leyendo las noticias día tras días le viene a uno el viejo lema antimperialista. Yankees go home.

Pero divago. Llegamos al final de la poética escapada, contentos y confiados.

Pero estuvo diluviando todo el día, y fuimos a la Llibreria Documenta con un resquicio de zozobra. El no saber si vendría alguien, si serían suficientemente atractivas la cabra y la estrella para sacar a la gente de sus casas y sus rutinas en una tarde de sábado triste y lluviosa.

Sentimos esa punzada de duda que aqueja al que se siente intruso en el mundo de las letras, extranjero en su propia patria.

Es una aprensión absurda, quizás, pues no teníamos razón para quejarnos

Goat Star Books va bien y nuestra gira presentando Gibraltar ha sido muy exitosa tanto en público como en ventas: en veinte días se vendieron ciento cuarenta ejemplares de los doscientos que tenía la tirada impresa en Madrid.

Por primera vez, la venta de libros parece que va a sufragar el coste de la gira.

Todo un logro para un proyecto como Goat Star Books, que brotó de la nada, en Inglaterra, sin muchos padrinos ni contactos

Teníamos, no obstante, un producto de gran calidad para empezar, nada menos que los poemas de Àngel Terron, uno de los grandes poetas catalanes contemporáneos. Un lujo.

Esta es la cuarta gira Goat Star Books Ltd, cada una un nuevo círculo que amplia nuestro ámbito. Empezamos llamando en las ciudades a puerta fría, pero poco a poco, y gracias a amigos y colaboradores, hemos ido creando círculos afines.

Soy un paladín infatigable de la causa de la verdad y la belleza, como aquellos vendedores de enciclopedias que iban de casa en casa en mi infancia barcelonesa, inasequibles al desaliento.

Mi agradecimiento a todos los que nos han apoyado desde el principio y a todos los que se han ido incorporando poco a poco a este proyecto de ilusión y esperanza.

Desde el principio, lo concebí no solo como una editorial, sino como un centro de reflexión y pensamiento. El objetivo de Goat Star Books es crear redes y conexiones, físicas y reales, con personas que, como yo, leen y conciben la poesía no como un lujo o una rama del humanal deseo de reconocimiento y fama, sino como exploración en el misterio en el que habitamos.

William Blake con su lámpara internándose en la oscuridad.

Y es quizás ese deseo lo que, como a John  Keats, mi inspiración y mi gurú, me hace dudar de mis capacidades. El miedo a que el trabajo de Goat Star Books no alcance el eco necesario para resultar relevante.

Miedo a no lograr el codiciado lugar en la estima del tiempo.

Miedo innecesario.

En nuestra última cita en territorio hispano, Barcelona, la gente respondió con el mismo entusiasmo que en los otros lugares por los que hemos ido dejando donaires y cuestiones.

Está es ciertamente nuestra gente, la que nos alimenta con sus perplejidades.

Leímos nuestro bien ensayado repertorio: El espíritu de Gibraltar, los sonetos llanitos… E invitamos a recitar al gran Lluís Urpinell y a Marçal Font, el mago de las palabras, y a nuestro gran Pablo Yupton, quien acompañó a Gabriel a la guitarra además de leer un poema suyo que hablaba de los navíos de la noche.

Y luego vino “Pablo” el poema largo que Gabriel le dedicó, todo un manifiesto que habla de Pablo Yupton  y de todos los grandes Pablos que en el mundo han sido.

Y yo me emocioné y me quedé exhausto como la Pythia de Delfos tras decir su oráculo.

Y así terminó la gira hispana, con una detonación de Byronianas palabras dinamita.

y salimos a festejarlo todo con numerosos amigos que habían venido a la velada y terminamos en una de esas fiestas alocadas e interesantes, el tipo de fiesta con el qwue todo el mundo sueña en Barcelona, en un piso elegante con gente culta y bohemia. Como digo, cada ciudad es un mundo, y el mundo barcelonés, por mucho que se diga que la ciudad ha sido arruinada por el turismo, sigue brilando con visa propia.

Al día siguiente, nos fuimos muy tristes de haber terminado la gira por España y Gibraltar. Pero muy contentos por el cariño recibido en cada ciudad.

Nos fuimos con buen sabor de boca por el enorme éxito de ayer en la Llibrería Documenta de Barcelona, solo comparable al que tuvimos en Gibraltar.

Nos fuimos pero, como siempre, quedan las palabras. Aquí está el poema que Gabriel escribió sobre nuestra cita en Barcelona:

Barcelona

 

Barcelona, ​​trata con cuidado a mis amigos,

no descuides el leopardo de sus anhelos,

deja aire para sus ramas imaginarias,

no dejes que sus corazones se pudran como carne fresca al sol.

Barcelona, ​​sé que estás harta de cabras alegres.

Sé que consideras distantes y tristes la esperanza y la convicción

iré a caminar y cantar por los lugares más recónditos,

despréciame, golpéame con tu vara intelectual,

pero no contamines a mis amigos con tu descontento a la moda.

Barcelona, ​​el zafiro enredado en tu cabello fue un regalo del mar,

no finjas que naciste en palacios y templos,

tú, hija de comerciantes de Mesopotamia y Grecia,

rodeada de montañas imponentes y abundantes,

comparte con mis amigos tus brazaletes y anillos.

O te clavaré una horquilla envenenada en el vientre del pensamiento.

O bailaré claqué en los límites de las cercas de tu corazón.

Barcelona, ​​diles a tus camareros que sean amables con mi clan.

Deja que mi gente cante y baile en el refugio de sus casas,

no los empujes a las cloacas de ritmos tecno y fango.

Barcelona, ​​libera a mis amigos de tu tiranía de pupilas sobre estimuladas.

Deja que respiren la ciudad con sus propios pulmones.

Camina sin prejuicios por las junglas de sus versos,

abre el museo de tus emociones enceradas.

Abandona tu mitología de ventanas doradas.

Barcelona, ​​mis amigos susurrarán dulces yambos cuando llegue la noche.